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Cuando eres un niño de siete años que juega distraídamente en un parque, no imaginas cual será la profesión en la que invertirás los últimos cincuenta años de tu vida. Es como pasear por una autopista cuyos símbolos te parecen incomprensibles. Caminas aquí, corres allá y tu única guía es una fuerza invisible que maneja tu velocidad y tu rumbo. Mientras tanto, las ideas y talentos que se debaten en tu interior tan sólo fluyen sobre una misma dirección.
Mi ruta siempre ha sido la música. Solía observar detenidamente al baterista de mi iglesia hasta que aprendí cada uno de sus movimientos. Fue el primer instrumento al que le dediqué atención. Encontraba fuerza y coraje en su expresión.
Nací el 17 de febrero de 1980 en la ciudad de México pero salí de ahí a los 2 años. Gracias a mi mamá tuve un acercamiento con Jesús. Recuerdo que noche a noche la escuchaba orar largamente hasta que el cansancio me empujaba involuntariamente a la almohada. Su pasión por Jesús fue desde entonces un ejemplo invaluable para mi crecimiento espiritual. Aprendí a orar con pasión y a confiar en Dios aun cuando se pareciera ausentarse por meses.
Conforme crecía aprendí a depender más de Dios. Moisés, Elías y David eran los héroes de mis juegos. Solía jugar a que era el protagonista de estas historias, pero las fantasías ceden con los años y son los propósitos de Dios los que empiezan a regir tus decisiones.
Estuve viviendo en Cuernavaca y San Luis Potosí por 9 años. Ahí deje amigos con los que compartí libros de matemáticas, lápices y algunos sueños. Tenía 11 años cuando llegue a vivir a Houston, Texas. Mi mamá se había casado con Jimmy Miranda quien se convertiría en el padre que siempre había necesitado. Mis rumbos estaban encontrando sentido.
A partir de que mis padres empezaron a pastorear una iglesia, empecé a tocar el piano. La música se convirtió para mi en un estilo de vida. Nada era más importante que permanecer en casa estudiando notas musicales y practicando cantos. Ningún otro pasatiempo o diversión estaba por encima de ese piano.
Una tarde, cuando apenas entraba a las puertas de una iglesia un profeta me llamo para darme un mensaje que sería confirmado en otras ocasiones:
"...yo he puesto música dentro de ti....te he dado la habilidad de tocar muchos instrumentos y voy a hacer de ti un líder en la música pero nunca olvides que Yo soy la música…"
He recibido el diseño y la fotografía con mejor cara que a las matemáticas o a las ciencias sociales. Me gradué de la escuela de diseño gráfico a los 22 años para después trabajar para CanZion como diseñador.
En el 2001 empecé a estructurar mi primer disco, “El Lugar”. Las canciones y arreglos fueron producto de extendidas noches en las que versículos, frases y notas musicales me dejaron con algo más que con un disco entre las manos, me dejaron con un mensaje por medio del cual muchos jóvenes se
enamorarían de Jesús.
Una de las canciones mas sobresalientes del álbum fue “La Viña”, que se colocó en los primeros lugares en las estaciones radiales de Estados Unidos y Latinoamérica gracias a la aceptación tanto de jóvenes como de adultos y niños.
El tema “Mas allá del sol” habla mi vida espiritual. Es una composición que nace en los momentos de desesperada búsqueda en los que el silencio fracturaba mi paciencia. No tenía otra salida más que desgastar los ¿por qué? de mi vocabulario y capturar palabras que me permitieran estructurar respuestas confortables, de pronto ahí estaba la música. La escuchaba sugerirme crear una melodía en la que una y mil veces le gritaría al Señor cuanto lo necesitaba y que no descansaría hasta llegar a su corazón aún cuando se encontrara del otro lado del sol.
En el año 2004 “El Lugar” fue nominado por Premios Arpa como Mejor álbum de Rock y Lanzamiento del Año.
Después de un año que salió a la venta el disco de “El Lugar”, me econtré con mi guitarra una vez más escribiendo letras que salian del corazón y se plasmaban en el opaco papel de mi libreta en la cual escribía sin restringir sentimientos que estallaban por dentro y surgían mientras tocaba la melodía que oía en mi corazón. De esos momentos personales de reflexión con Dios surge “Una Vez Más”
Si la vida es una colección de momentos, este segundo álbum es una recopilación de algunos de esos intensos momentos de adoración, entrega, pérdida y reflexión. Adoración al autor de la vida, entrega de nosotros mismos, pérdida de nosotros mismos, reflexión sobre Su bondad, misericordia y amor.
Un disco que dejará huella en el corazón del oyente, no sólo por su contenido musical sino por sus letras. Aquí derramé mi corazón delante del autor de la vida, buscando encontrar de su “agua que nunca se acaba”…
Para crear este álbum escape a mi interior y me quede allí para descubrirme. Hoy les entregó este proyecto lleno de momentos… momentos de mi vida donde las emociones superficiales se agotan y tengo que ir aún más profundo para encontrar aquello que no puedo perder y perder aquello que no puedo retener.
Hay veces que el silencio grita más fuerte que mi canción, es entonces donde puedo escuchar en el silencio un silbo apacible que me dice UNA VEZ MÁS que todo esta bajo control.